V de Vombilla

Calidad y Maravilla

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Expertos de lo impensable

Athor

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¡Por fin tenemos nuestro primer colaborador! En este caso colaboradora más bien. Así que os presento a Vioria que por el momento se dedicará a escribir algún relato para V de Vombilla (y quien sabe si quizás algún día se anima a algo más que a escribir). Aquí os dejo la primera parte del relato. 
Al entrar en la posada, Athor sintió cómo todas las miradas se dirigían hacia él. Los caminos no eran demasiado seguros últimamente y los forasteros no eran tampoco demasiado bienvenidos en ninguna parte. Y aún menos bienvenidos eran los “camineros”. Se llamaba así a aquellos que no tenían una vivienda fija, que vivían “del camino y para el camino” y que a menudo eran desalmados, ladronzuelos, renegados y, un reducido grupo, los verdaderos Camineros, eran aquellos que desafiaban las leyes y al Gobierno, que cuestionaban a las altas esferas y se reían de la clase noble. Pero volvamos a nuestro forastero, que es el que interesa ahora. El bullicio en «El Jupak» se redujo a un simple murmullo cuando el orondo posadero, de mejillas sonrosadas y luciendo una camisa empapada de una mezcla agría de cerveza oscura, sudor amargo y un par de manchas del famoso cocido de la región, se limpió las manos en el mandil para preguntar:

- ¿Quién eres, de dónde vienes y qué quieres?
- Soy Athor, vengo del lejano bosque de Poces y sólo deseo algo de comida caliente, una buena cerveza y un lugar dónde pasar la noche para mí y mi montura.
- En ese caso... ¡Bienvenido seas! Melia, sírvele una jarra a este mozo, ¿no ves que viene seco? -El posadero palmeó la espalda al forastero, haciéndole trastabillar a pesar de su talla, y dando a entender a músicos y demás observadores que no había nada que temer ni que hablar-. La pobrecilla necesita que se lo digan todo, ¿eh?

Athor se giró, pero sólo tuvo tiempo de ver una larga cabellera pelirroja ondear mientras la puerta doble de la cocina se cerraba tras ella, haciendo un característico gemido. El ambiente hostil de la posada había cambiado por completo, y ahora las sonrisas ebrias y los amistosos saludos se sucedían uno tras otro. En la pista había un par de musicuchos que tocaban canciones sencillas para bailar, y unos pocos se animaban a salir y demostrar su aptitud o, en la mayoría de los casos, inaptitud para el baile, con un poco de ayuda de la cerveza.

El agotado jinete se sentó en la barra, cerca del piano y lejos del posadero, al que parecía que habían dado cuerda tras comprobar las buenas intenciones de Athor. Lo que el posadero no sabía era que se había encontrado con un verdadero Caminero, aunque éste no había mentido en ningún momento, pues realmente venía de los bosques de Poces, aunque hacía ya mucho que no pasaba por allí. Pero era sencillo confiar en Athor. Tenía una talla considerable, alto y recio, y unos ojos verdes que resultaban misteriosos, cálidos y cautivadores a la vez; su voz era grave, pero suave a la vez, y nunca alzaba la voz, ni siquiera en una pelea. Sus vestiduras tampoco lucían el aspecto propio de las de un caminero, pues estaban limpias y arregladas -dentro de lo que cabe-, como si sólo hiciera dos días que había salido de Poces. Se le veía bien alimentado y limpio, con la barba rasurada al estilo de su tierra natal y las manos callosas parecían fruto de un trabajo honrado, no como las sucias manos de un ratero. Así pues, Athor era en realidad la viva imagen de un Caminero, pero ya nadie recordaba a los verdaderos camineros, pues todo el mundo tenía en mente la imagen de los malhechores que decían serlo.

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1 comentarios :

  1. El principio se parece a una parte de el nombre del viento .

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